Porque todos tenemos aspiraciones y nos encanta pensar que pronto se harán realidad, pero de quien realmente depende es de nosotros. Y desde pequeños creemos que somos invencibles y esto es lo que debemos pensar hasta el día de nuestra muerte.
El problema es que cuanto más crecemos, más nos damos cuenta de los peligros y dificultades. Esto sin embargo, no tiene por qué bajarnos ni acabar nada, pues bien sabemos que somos los dueños de nuestro destino.
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